142. Mientras ella me quiera
James no se mueve. No habla. Solo mantiene los ojos clavados en la puerta, los puños apretados a los costados.
Luego suelta un suspiro largo, se pasa la mano por la cara y, sin mirarme, vuelve a sentarse.
El crujido de la silla bajo su peso es el único sonido durante unos segundos, hasta que extiende la mano hacia el teléfono de la mesa.
—Quiero que se aseguren de que Miranda Pierce salga de Nexus en los próximos diez minutos —dice, voz baja pero afilada—. Si pasa de ese tiempo, pueden sacarla