141. La manipuladora nata
James no coge el sobre de inmediato. Solo observa a Miranda mientras sus dedos tamborilean contra la mesa. En un movimiento lento, controlado… Eso es exactamente lo que está haciendo ahora: contenerse.
Miranda, en cambio, no se da cuenta de nada de eso. Está demasiado ocupada clavándome esa sonrisa irritante, estudiándome como si ya hubiera ganado la partida.
—¿Y esos moretones, Ethan? —pregunta, con ironía—. ¿Los conseguiste defendiendo a alguna damisela en apuros?
Me paso la lengua por el cor