Llegamos a la mansión pasada la medianoche.
La tranquilidad de la playa quedó atrás en cuanto cruzamos las puertas.
Ciro ni siquiera se detuvo.
Entró dando pasos largos.
—Enzo, quiero un informe completo en mi despacho en diez minutos.
—Ya están revisando las cámaras.
—Que revisen también las de tránsito aledañas.
Enzo y varios hombres lo siguieron rumbo al despacho.
Me quedé sola en medio del vestíbulo. Solté un suspiro de agotamiento y me llevé las manos a la cara. Estaba cansada. Física y me