Los días siguientes fueron extraños.
La mansión había recuperado cierta normalidad después de la muerte de Don Tano. Los hombres volvían a entrar y salir. Enzo pasaba horas encerrado en reuniones. Los guardias regresaron a sus rutinas.
Y Ciro...
Ciro volvió a ser Ciro.
El hombre fuerte. El hombre que daba órdenes y parecía capaz de cargar el mundo entero sobre los hombros.
Pero yo sabía que era una máscara.
Porque algunas noches lo encontraba despierto mirando el techo. Porque a veces se quedab