El día empezó mal y terminó peor.
Regina apareció en el comedor apenas yo terminaba de desayunar. Llevaba un vestido gris perla y una expresión de general a punto de pasar revista. Me miró de arriba abajo, como hacía siempre, pero esta vez su inspección fue más minuciosa. Como si estuviera calculando algo.
—Hoy es el día —dijo sin rodeos—. Y hay que prepararte.
—¿Prepararme?
—No pretenderás presentarte así delante de mi hijo.
Así. Como si yo fuera un plato de comida mal presentado. Como si mi c