No dormí en toda la noche.
Me quedé acostada junto a Cael, con los ojos abiertos, escuchando su respiración tranquila. Él no sabía nada. No sabía que el hombre que lo había engendrado estaba a pocos metros de la puerta. No sabía que su madre estaba aterrorizada. Solo dormía, ajeno a todo.
Al amanecer, me levanté y fui a prepararle el desayuno. Mientras ponía la mesa, miré por la ventana. Y lo vi.
Ciro seguía allí.
De pie. Frente a la casa. Apoyado contra uno de los árboles del jardín. Llevaba l