—Ay, lo siento mucho. No quise faltarte el respeto. —me reí suavemente y negué con la cabeza.
—No te preocupes, no pasa nada. Mi esposo estaría feliz de escuchar lo que me acabas de decir. Pero me temo que es un hombre muy celoso. Un dominante, mientras que yo, bueno, soy una...
—¿Sumisa? —preguntó, y negué con la cabeza.
—No estoy segura. Por eso venimos aquí. Mi esposo es más como... mi amo. ¿Me entiendes? —dije cuando escuché a Candy reírse por el auricular, y los demás también.
—¿Yo un amo?