—Bebé, mírame. Rebel, mírame, princesa.
Mi visión se había duplicado y cada vez me costaba más respirar. Cada respiración que tomaba era superficial y sabía que mi pulmón se había colapsado. Podía sentir cómo mi ritmo cardíaco se volvía más lento mientras la sangre llenaba la cavidad.
De pronto, mi vida pasó como una película delante de mis ojos. Sonreí ante los momentos que se me mostraban: los tiempos más felices, riendo y sonriendo con mi familia; cuando aprendí a manejar mi primera moto; la