—¿Estás bien? —Le pregunté, y al instante quise patearme a mí mismo por hacer la pregunta más estúpida del mundo.
Por supuesto que no estaba bien. Lo que debió haber sido un día para despedir a sus abuelos, se convirtió en un tiroteo y una fuga de prisión.
—No, pero lo estaré.
Tomé su mano entre la mía y la llevé hasta mi asiento. Me senté y la atraje a mi regazo. Alessa nos sonrió con picardía. Dylan le sostenía la mano mientras ella apoyaba la cabeza contra mi hombro.
—Rebel, es bueno verte d