Libro 2. Capitulo 23. Piedras de Luna.
El aire en el claro de las Piedras de Luna no solo estaba cargado de electricidad; estaba vivo. El círculo que habían trazado no era simplemente una barrera física, sino un organismo latente, una frontera entre la salvación y el olvido.
Maddison sentía cada latido de la tierra bajo sus pies descalzos como si fuera el suyo propio. Pero no era solo la tierra. Eran ellos.
Los hilos de plata.
Al principio, Maddison pensó que se trataba de una alucinación visual provocada por el agotamiento, pero pr