Libro 2. Capítulo 24. Tregua.
El amanecer sobre las Piedras de Luna no trajo la claridad habitual, sino un tenue resplandor que parecía emanar de la propia tierra, todavía vibrante por la magia que la había atravesado.
El portal se había cerrado, dejando tras de sí un silencio denso, interrumpido solo por el crujido de las hojas bajo los pies de los guardianes que patrullaban el perímetro.
La Reina Emma, aunque todavía pálida, se mantenía erguida con una dignidad recobrada que infundía respeto incluso en las sombras más reb