No eres una carga

Sobre nosotros.

Esas dos pequeñas palabras hicieron que la cabeza de Amelia se levantara del pecho desnudo de Salvatore.

¿Él estaba equivocado a cerca de ellos? ¿Qué estaba tratando de decir su esposo?

Se obligó a mantener la calma cuando preguntó:

—¿De qué manera te equivocaste acerca de nosotros?

Su expresión se oscureció levemente.

—Después de todo, puedo ser tu carga para llevar

—No, no, cariño— protestó Amelia mientras sus ojos ardí

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