POV: Zoé Dupont
Dos meses.
Ese fue el tiempo que tardó la herida en mi estómago en convertirse en una cicatriz rosada y fina, gracias a los cuidados obsesivos de los médicos de la manada y, sospecho, a las noches que Lucien pasó durmiendo pegado a mí, transfiriéndome su calor curativo.
El invierno en los Alpes comenzaba a ceder, pero el aire seguía siendo frío cuando el Maybach negro se detuvo frente a la entrada principal del Silver Heights.
Esta vez no entraba como una espía infiltrada con un vestido de gala y una daga en el liguero. Esta vez, entraba por la puerta grande.
Lucien bajó primero y me tendió la mano. Su agarre fue firme, posesivo. Cuando mis botas tocaron la nieve, me quedé sin aliento.
No estábamos solos.
Había dos filas perfectas de hombres y mujeres vestidos de negro táctico bordeando la entrada. Eran los guerreros de élite de la manada. Al frente de todos, inmenso como una montaña y con el rostro serio, estaba Dante.
—¿Qué es esto? —le susurré a Lucien.
—Es tu guard