POV: Lucien Blanc
París olía a lluvia y a gasolina, pero dentro del salón privado del Hotel de Crillon, el aire apestaba a algo peor: a traición y champán barato.
Me ajusté los gemelos de mi camisa negra, alisando la tela impecable del traje italiano que había conseguido hacía una hora. Mis manos estaban limpias de sangre, pero mi alma estaba empapada en ella. A quinientos kilómetros de distancia, mi mujer luchaba por respirar conectada a máquinas. Aquí, el hombre que la puso en esa cama estaba