POV: Lucien Blanc
París olía a lluvia y a gasolina, pero dentro del salón privado del Hotel de Crillon, el aire apestaba a algo peor: a traición y champán barato.
Me ajusté los gemelos de mi camisa negra, alisando la tela impecable del traje italiano que había conseguido hacía una hora. Mis manos estaban limpias de sangre, pero mi alma estaba empapada en ella. A quinientos kilómetros de distancia, mi mujer luchaba por respirar conectada a máquinas. Aquí, el hombre que la puso en esa cama estaba brindando.
Me paré frente a las puertas dobles de caoba del salón de reuniones. Dos guardias de la Orden intentaron bloquearme el paso.
Mi escolta de más de cien lobos guerreros de elite a mi lado.
—Caballeros —dije con voz suave.
Antes de que pudieran desenfundar, los tomaron a ambos por el cuello y los lanzaron contra las paredes opuestas. El sonido de huesos rompiéndose fue el único anuncio que necesité.
Derribaron las puertas de una patada que hizo temblar los marcos.
El silencio cayó sobr