POV: Elena de Valois
Ver a Léo enfrentarse a los Alfas fue como ver a un sol negro nacer en medio del salón. No era la luz cegadora de Aura, ni la majestad dorada de Lucien. Era algo crudo, visceral y profundamente humano en su dolor.
Después de que los Alfas se retiraran, arrastrando su orgullo herido por los pasillos de obsidiana, Léo finalmente se permitió tambalearse. Lo sostuve con todas mis fuerzas, guiándolo hacia el balcón privado que daba al valle de los Pirineos. El aire gélido de la