POV: Zoé Dupont
El humo del incienso de Elena apenas lograba ocultar el olor a ozono y sangre que impregnaba los niveles inferiores de la Ciudadela. Lucien caminaba a mi lado, su presencia como Dios-Lobo era una presión constante que hacía que las sombras se apartaran. Léo nos seguía, todavía humeante tras su enfrentamiento con la montaña, sus ojos plateados brillando con una intensidad inquietante.
Llegamos a la celda de Malphas. El Gran Inquisidor ya no se veía como un líder; era un espectro