Narrado por Alex
Cuando llegamos a la mansión, el silencio de la noche siciliana era sofocante. La tensión de la reunión aún pesaba en el aire, un fantasma concreto flotando sobre nuestros planes de regreso a Nueva York. Mientras Luna comenzaba a organizar las maletas en la habitación, yo me aislé en el despacho. El whisky en la copa no traía el alivio que buscaba, solo realzaba el sabor amargo de la responsabilidad que había abrazado.
Ella me encontró allí, de pie frente a la ventana, mirando