Narrado por Alex
Aún con el rostro hundido en mi pecho, ella lloraba, y cada temblor suyo era un cuchillo y una caricia al mismo tiempo.
—Te odio, Alex Morano —susurró, la voz ahogada por mi torso, pero cada sílaba cargada de una verdad que olía a mentira.
Sonreí, una expresión lenta y predatoria, atrayéndola más cerca, hasta que no hubo espacio para el aire entre nosotros.
—Y aun así, *piccola*, ¿por qué susurras que me odias mientras tu cuerpo se derrite contra el mío? —mi voz era un hilo