Narrado por Luna
Él aún tocaba mi intimidad sin ningún pudor y me miraba con esa mirada oscura y dominante que me dejaba sin aliento, como si pudiera desnudarme solo con los ojos. Odiaba lo que me hacía sentir —el escalofrío, el calor, el impulso de acercarme cuando debería huir.
Antes de que pudiera reaccionar, me atrajo de nuevo, aprisionándome contra su pecho. Sus labios encontraron mi cuello, deslizándose lentos, hambrientos, dejando un rastro de fuego por donde pasaban.
—Dio… tu olor me vu