Alejandro
La vi desde el auto apenas cruzó el patio. Su cabello recogido con descuido, la camisa medio arrugada, la falda demasiado corta. Ella. Tan jodidamente provocadora sin saberlo.
Y entonces lo vi a él. Ese mocoso de rostro aniñado que se paró frente a ella, como si tuviera derecho a mirarla así. A hablarle así.
El mundo se me volvió rojo.
Ella le sonrió. No era una sonrisa coqueta. Pero era una sonrisa. Y eso bastó para que me hirviera la sangre.
Saqué el teléfono. Mis dedos temblaban, p