Alejandro
I. El Piso 80: La Nueva Arquitectura del Dominio
El silencio en el jet privado de regreso a Santiago, después de la contención del Proyecto Odisea, fue más pesado que el rugido de los motores. No era el silencio de la tregua, sino el silencio de la rendición táctica. Le había entregado a Isabella la autoridad ejecutiva total sobre el Protocolo Ceniza-Vance, la limpieza de su pasado, y lo más peligroso de todo, acceso a mis archivos de comunicación con Marie Moreau.
El precio de mi supervivencia era el despojo.
Al día siguiente, mi primera tarea fue instalar a la Ceniza en su nuevo dominio: el Piso 80 de la Torre Cifuentes. Ese piso había sido el cuartel general de Elías Moreau. Desde su huida, lo había mantenido en cuarentena de seguridad, un mausoleo de traición, sellado por el Acero. Ahora, ese espacio se transformaba en el trono operativo de mi socia obligada.
Subí con ella. El ascensor de seguridad se abrió, revelando una oficina que olía a polvo fino y culpa. El espacio