Isabella
Había pasado un año completo.
Desde la noche que huí, mi vida era una ecuación resuelta: lujo infinito, poder ilimitado y el amor obsesivo de Alejandro. La Fundación Fénix no era una empresa; era un imperio en expansión. Mis colecciones de diseño de alta costura se exhibían en pasarelas privadas en Milán y París, moviendo millones, todo bajo el manto impenetrable de la Fundación. A mis diecinueve años, yo era un prodigio, la joven enfant terrible que había surgido de la nada con un tal