Mundo ficciónIniciar sesión“¡Ajá, ajá!”, canturrea a Aella en mi mente y yo solo pongo los ojos en blanco.
“¡Es solo un niño!”, le recuerdo, “se supone que somos las adultas por aquí, las que debemos poner el ejemplo”.
“Él es un brabucón en toda regla”, me recuerda, “además de que se estaba metiendo con su prima, aprovechándose de su tamaño y su fuerza”, añade con un gruñido, “¿te imaginas cuántas veces debe haberle hecho lo mismo a la pobre Kala?”.
Y es cierto.
Según lo que nos ha conta







