“¡No se lo voy a perdonar a Aike!”, le digo a Aella, mientras le gruño a Adrien, quien me mira con curiosidad, “en serio, no tenía por qué dejarme a solas con este miserable lobo”, agrego y Aella respira profundo.
“Supongo que Aike no nos dejará salir de aquí hasta que escuchemos lo que tenga que decir”, me responde y yo respiro profundo, sin dejar de mirar con el ceño fruncido a este alfa, quien ha sido la causa de todo.
“No quiero hablar con él, entiéndelo, Aella”, le recalco y ella traga en