—Dios, Ariam. Tu boca es increíble —dijo Derek mientras la embestía, sujetándola con firmeza y acariciándole el cabello con calma al mismo tiempo—. Quiero disfrutarla en todo momento.
El comentario excitó al máximo a Ariam. Ella sacó los dientes y los arrastró por su piel tensa cuando él se retiró.
—¡Cielos, cariño! Métetela toda —gritó Derek, empujando con fuerza una vez más—. Relaja la mandíbula.
Ariam cerró los ojos y se entregó al asalto. Era excitante y bastante salvaje, lo cual la encendí