Pavel se regocijó en su papel de verdugo, dedicando horas interminables a torturar a Jimena de las formas más sádicas y retorcidas que su mente perversa podía concebir. Aunque Jimena poseía una fortaleza espiritual envidiable, incluso para él, aquel asalto implacable resultaba casi insostenible. Sin embargo, no se rendía fácilmente.
¿Dónde está tu valentía ahora, Jimena? — Preguntó Pavel con una risa malvada, —Pensaste que podrías resistirme, pero es imposible, no debiste jugar conmigo. Dime lo