A altas horas de la madrugada, Derek y Ariam finalmente regresaron exhaustos a la imponente mansión de Willy. Derek, evidentemente ebrio, apenas podía mantenerse en pie, sus movimientos torpes y desequilibrados eran una clara muestra de su estado de embriaguez. Su rostro enrojecido y su risa descontrolada revelaban la intensidad de la noche que habían experimentado en los sombríos bares del bajo mundo del narcotráfico.
Preocupada por la condición de Derek, Ariam lo ayudó a llegar a su habitació