Ariam no pegaba los ojos del escenario, Derek sonreía mientras la observaba, la ama y el sumiso seguían en su espectáculo, llegó el momento de cambiar de actividad.
Fiore hizo que el hombre se pusiera de pie y le ató las manos a la espalda con un exquisito pañuelo de seda auténtica, importado especialmente de la India para la ocasión. A continuación, se recostó con elegancia en el sofá. Con su dedo índice doblado, lo invitó a acercarse. Levantó una de sus piernas y separó sus muslos, dejando e