Arturo y algunos de sus amigos observaban a la distancia el espectáculo que estaban montando las mujeres. Estaba fastidiado.
La fiesta de primer año había atraído a muchas invitadas, pero tampoco faltaban los hombres de negocios. Este tipo de reuniones eran la excusa perfecta para relajarse, charlar un rato o, más importante, cerrar algún trato y hacer nuevos contactos.
Era, en esencia, una oportunidad para ampliar su red de influencias.
—Tu hija sí que sabe cómo llamar la atención.
Comentó alguien a su lado en tono de burla. Arturo apartó la mirada.
—Pura vergüenza.
—¿Te enteraste? Corporativo Axis va a comprar ZK y nadie de nosotros tenía ni idea. Los Solís sí que saben guardar el secreto.
—¿Te da envidia?
—¿Y cómo no? Ricardo tuvo a su hijo y ya se retiró a disfrutar la vida. Nosotros, en cambio, no podemos contar con los nuestros. Aquí me tienes, lleno de canas, partiéndome la espalda para construir algo que mi hijito probablemente se va a gastar en dos días. A veces pienso que ni