Ricardo Solís se metió a la cama después de bañarse y apagó la luz. Su esposa se dio la vuelta en la cama, pero al poco rato volvió a girarse hacia él y suspiró.
Ricardo rio entre dientes.
—¿Otra vez pensando en lo de nuestro hijo?
—¿Y yo para qué voy a estar pensando en ese malagradecido? Ya le dije que para mí es como si no existiera. Si se queda solo toda su vida y no tiene quién lo cuide, es su problema, no el mío.
Ricardo sabía que su esposa solo era dura por fuera, así que intentó consolar