Él le entregó su tarjeta de presentación.
Regina la tomó y le echó un vistazo. El bufete de abogados le resultaba bastante familiar. Recordó que el licenciado Vargas, el abogado que su madre le había recomendado, parecía ser de ese mismo bufete.
Levantó la mirada.
—Mi mamá insistió en que viniera. No estoy buscando empezar nada, así que la comida va por mi cuenta, en serio lo siento.
Él sonrió amablemente.
—Para serte sincero, esta también es mi primera cita arreglada. A mi edad, mi madre ya me está presionando, pero no me encanta conocer gente así. Si quieres, podemos empezar como amigos.
A Regina no le gustaba andarse con rodeos.
—Lo siento, pero no quiero hacerte perder el tiempo.
La negativa fue tan contundente que Joel no pudo insistir. No era de los que se aferran hasta el cansancio ni le gustaba rogar, aunque debía admitir que ella era su tipo.
—Está bien, no te preocupes. Ya veré qué le digo a mi madre.
Mantuvo una sonrisa cortés en todo momento, con una actitud amable y educad