Verónica notó el silencio de Regina y adivinó de qué se trataba.
—Pues ve, ¿qué pierdes? Piensa que solo es una comida. Nuestros papás nada más nos los presentan, pero ya somos adultas, nosotras decidimos si queremos algo más o no. Mira, mi mamá me presenta a alguien y, si no le digo que sí, me marca diario para molestarme. Pero si voy y no me gusta, ya no me dice nada. Así al menos me deja en paz unos días.
Después de publicar la vacante, Verónica preparó un café y se lo llevó a Regina, mientras se sentaba a su lado.
—Si de plano no te gusta —le dijo con una sonrisa cómplice—, me mandas un mensaje y te marco para que tengas un pretexto para irte.
Regina ya había visto la dirección del restaurante que la señora Valderrama le mandó. También le había enviado el nombre y el teléfono del hombre, insistiendo en un tono muy serio que era indispensable que se vieran.
No quería que la señora Valderrama fuera a causarle problemas a Sebastián. Si seguía evitando el tema de las citas, estaba segu