La mirada de Sebastián perdió su brillo y se mordió el labio con fuerza. Regina vio su expresión y sintió tristeza. Intentó explicarle.
—Sé que te gusto desde hace mucho tiempo, pero apenas llevamos unos días saliendo. En realidad no me conoces. No soy como te imaginas. Creo que me estás idealizando, que lo que sientes no es por mí, sino por una versión que tú creaste.
—Entonces, ¿qué tengo que hacer para que te sientas segura conmigo?
No supo cómo responderle. La frustración se acumulaba en la frente de Sebastián.
—Sé que no te sientes segura, por eso quieres terminar. Pero yo no quiero terminar. Tengo que hacer que te sientas segura, ¡pero no sé cómo!
Regina observó al hombre que tenía enfrente; sus sentimientos eran tan intensos y genuinos. La determinación que tanto le había costado alcanzar comenzaba a temblar.
Iba a responder, pero en lugar de palabras, lo único que se escuchó fue un sonido proveniente de su estómago.
—Guuuurrrr.
Sebastián bajó la mirada hacia el vientre de ella.