Las cortinas de la habitación estaban corridas por completo, sumiéndola en una oscuridad total. Regina se abrazaba las rodillas, con la cara hundida entre los brazos. No supo cuánto tiempo pasó antes de que su celular sonara.
Lo tomó y, al ver el nombre de Sebastián, sintió angustia y, casi por instinto, rechazó la llamada. Al ver la notificación de llamada perdida en la pantalla, las lágrimas se le desbordaron sin control.
—Ding.
Sebastián le había enviado un mensaje.
Abrió la aplicación y vio