Las cortinas de la habitación estaban corridas por completo, sumiéndola en una oscuridad total. Regina se abrazaba las rodillas, con la cara hundida entre los brazos. No supo cuánto tiempo pasó antes de que su celular sonara.
Lo tomó y, al ver el nombre de Sebastián, sintió angustia y, casi por instinto, rechazó la llamada. Al ver la notificación de llamada perdida en la pantalla, las lágrimas se le desbordaron sin control.
—Ding.
Sebastián le había enviado un mensaje.
Abrió la aplicación y vio que tenía muchísimos mensajes. El celular no había dejado de sonar, pero ella lo había ignorado.
Entró al chat de él.
[Perdóname].
[En cuanto terminen mis contratos de publicidad, voy a dejar el medio artístico. Ya gané suficiente dinero para que vivamos bien los dos, y me puedo dedicar a algo detrás de cámaras. Si dejo de ser famoso, tú y yo podremos tener una vida normal].
[Ya anuncié que voy a cerrar los grupos de fans. Por favor, no me ignores].
[¿Por qué no me contestas? Estás enojada conmi