Elena claramente no se esperaba que Regina dijera algo así; por un momento, se quedó sin argumentos.
Alzó la vista hacia Gabriel, que estaba enfrente, y lo vio con la mirada absorta en un punto justo al lado de ella. La expresión en sus ojos era indescifrable y le provocó una extraña inquietud.
Al notar la atención de Elena, apartó la vista con total naturalidad.
—Regi, no todos los hombres son unos patanes —intervino Mateo, en desacuerdo—. Hay algunos que valen la pena…
—Claro que los hay, pero