Regina asintió. La noche anterior, cuando Gabriel regresó, ella en realidad no estaba dormida. Solo consiguió conciliar el sueño después de escuchar el sonido de la puerta al abrirse.
—Pues, si calculas el tiempo, entre que fue y vino se tardó por lo menos veinte minutos. Si le quitas eso, solo le quedaban como diez o veinte minutos… no le daba tiempo de hacer nada.
Regina arrugó la frente.
—¡No se acostó con ella!
Andrea la observó con aire juguetón.
—¿Y estás tan segura?
Regina se mordió el la