Gabriel encontró el café y, al empujar la puerta, distinguió de inmediato a las dos personas sentadas junto a la entrada.En cuanto la señora vio a su nieto, se levantó radiante de la silla, lo tomó de la mano y lo llevó hasta Regina. Con una sonrisa amplia, anunció:
—Mira, Gabo, te quiero presentar a alguien. ¡Si no hubiera sido por Regi hoy, quién sabe qué me habría pasado!
La señora, entre emocionada y prolija, le contó a su nieto todo lo ocurrido ese día.
Al terminar, recalcó con solemnidad: