Una vez que llegaron al sitio, se encontraron con una fábrica abandonada que se alzaba ante ellos envuelta en sombras y misterio. Alex y Leo se bajaron de sus coches y, sin decir una palabra, avanzaron con cautela, con cada uno de sus pasos resonando en el vacío del lugar. Al llegar al centro de la fábrica, se encontraron con la silueta de un hombre de pie en el centro de la estancia, dándoles la espalda.
Al oírlos llegar, Gabriel, lentamente, se dio la vuelta y los miró con una siniestra sonri