—¿Qué? —exclamó Camila, incorporándose en la cama sobresaltada.
Alex la detuvo con un simple gesto de la mano, sin apartar la mirada del guardia y la enfermera. ¿Cómo era posible que uno de sus hijos hubiese desaparecido? ¿Acaso eso tenía que ver también con el maldito Gabriel? No lo sabía, pero algo le indicaba que sus suposiciones estaban en lo correcto. No obstante, tenía que asegurarse y encontrar a su hijo. Con el corazón latiéndole desbocado, se puso de pie y se acercó al guardia.
Por su