— ¿A dónde vas?
— A ayudarte con tus perros, quizás el saco pesa demasiado.
— ¡Oh, por Dios! Eres un converso de mi causa — se rió Alex a carcajadas— ¡Si ni siquiera te gustan los perros!
— No voy a tocarlos, solo a ayudarte un poco.
— Puedo hacerlo sola, no te preocupes, pero si lo deseas, te agradezco que me ayudes a arrastrar el saco.
Ambos entraron y Alex notó que esta vez Manuel caminó entre la jauría sin miedo. La ayudó con los alimentos y cuando tocó la hora de limpiar la miró a los ojos