Pensaba en eso cuando una voz la sacó de su distracción. Se volvió a ver quién le hablaba y la sonrisa alegre de Mauricio la sorprendió.
— ¡Hola, Alex!
— ¿Qué haces por aquí? — preguntó sorprendida.
— Vine a ver si podía hacer algo por ti, quizás pudiera ayudarte en algo.
— ¿Casualmente sabes cómo sacar la tristeza del alma? — preguntó mirando a sus perros y casi sin darse cuenta de lo que decía.
— Te resulta muy duro separarte de ellos, lo entiendo.
— Es terrible y sobre todo de Candy y Víctor, ellos fueron los primeros que rescaté y que deban irse me está matando.
— Pero quizás podrías conservarlos a ellos.
— No, no es justo, si los demás tuvieron que irse, no es justo que ellos se queden además tengo que comenzar una vida nueva, los perros son una adicción para mí y si conservo algunos, sé que en cualquier momento tendré otra vez una manada, es mejor que me quede sola y así evito caer en tentaciones. Ya solo quedan estos, hay dos que se irán con uno de los voluntarios, quien tiene