Manuel se ausentó y Alex se dedicó a sacar algunas cosas de la caja. No pensaba mucho en nada, su mente solo estaba ocupada en cuánto extrañaba a los perros. Cuando Manuel regresó llevaba en las manos un par de bolsas de papel de las que usan los restaurantes y una caja blanca de pastelería.
— ¿Qué es eso? — preguntó consternada la mujer.
— Comida y tu favorito, pastel de chocolate, ese que tanto te gustó.
— Es demasiado, Manuel. No debiste.
— Tonterías, no es nada y hoy vas a requerir la ayuda