Capítulo 30
No sabía qué me pasaba. Era como si todos mis sentimientos se hubieran fundido en deseo. Un deseo incontenible, que me quemaba desde dentro.
Me acerqué a la puerta del baño y giré la llave. El “clic” del seguro fue la señal de inicio de algo que no se detendría.
Santiago no dijo nada. Me miraba como si no pudiera respirar. Su pecho subía y bajaba con fuerza. Sus ojos estaban fijos en mi cuerpo, completamente desnudo, goteando aún por el agua que había intentado usar para limpiarme.