Decido que necesito a mi hermano a bordo. Aprieto los dientes.
—¿Te acuerdas de que mis píldoras desaparecían misteriosamente?
Se gira y frunce el ceño antes de depositar una bolsita de té en cada taza.
—Sí. Tú y tu desorden personal.
—Hummm, eso mismo pensaba yo. —Lo miro fijamente esperando que encaje las piezas, pero está a lo suyo, echando agua y una gota de leche en las tazas—. Al menos al principio.
Remueve el té y lo trae a la mesa. Se deja caer en una de las sillas, son todas di