Pongo la primera a toda prisa y piso el acelerador. Arranco dejando una nube de humo tras de mí.
Acelero por el camino de acceso bordeado de árboles. La cabeza me da vueltas a causa de la ansiedad.
Intento bloquear todo lo demás y centrarme en la carretera que tengo delante. No debería conducir. Tengo los sentidos nublados.
Miro el salpicadero y me doy cuenta de que voy a una velocidad absurda, sin luces y sin el cinturón.
No estoy en lo que tengo que estar. Las puertas aparecen ante mí y