(Maratón final 2/7)
Alek Vólkov
Entré a la asquerosa habitación donde se encontraba el imbécil de Sergei y sonreí al verlo sentado en una silla, atado de manos y pies y con moretones recientes en su rostro.
Eso solo significaba que mis hombres habían hecho bien su trabajo, sin mencionar lo que tuvieron que haber hecho Logan y Vlad.
—¿Estás cómodo, querido? —llegué hasta donde se encontraba y le sonreí con malicia antes de apretar mis manos en su mandíbula para escuchar sus gritos desesperados