(Maratón 7/9)
Dasha Petrov
Gruesas lágrimas corrían por mis mejillas sin cesar mientras de alguna u otra forma intentaba desatar mis manos de las ataduras que tenía.
Miré con pena como Ada lloraba suplicándole a Dios en silencio que nos ayudará a salir de esta situación.
No podía creer que Sergei sin mover un solo dedo nos había tendido una trampa y por creer en él habíamos caído.
En aquella habitación vacía las únicas que estábamos éramos Ada y yo, atadas a unas sillas y sin poder hacer abs