Alek Vólkov
Di grandes zancadas por varios pasillos hasta llegar a la puerta del despacho de Dimitri. Había tenido que sobornar a varios de sus guardaespaldas que se encontraban custodiando el pasillo que me conducía hasta su lugar más privado para que me pudieran dejar pasar sin problemas, fue tan fácil como robarle la chupeta a un niño.
Miré todo con detenimiento y continúe caminando hasta que llegué a la puerta del despacho, iba a tocarla cuando noté que estaba abierta y presencié como ese