—¡Lina!— García sonrió forzadamente. —Antes, fui la que estuvo equivocada. Te pido disculpas aquí. Pero Juan no hizo nada malo, en realidad, siempre te tuvo en su corazón. ¿No considerarías reconciliarte con Juan y empezar de nuevo? Esta vez, lo prometo, no interferiré en la vida de ustedes jóvenes.
—¡Tu cara es tan gruesa!— Laura respondió sin rodeos. —¿Cómo te atreves a decir algo así? ¿No ves lo que son los Ramírez? Mis amigas no elegirían a Juan ni aunque todos los hombres del mundo estuvie