—¡Tienes que defenderme, hijo!... ¿Hola? ¿Hijo?
García no terminó de hablar cuando escuchó el sonido de la llamada cortada. La frustración la dejó sin aliento, y arrojó el teléfono con rabia.
—Lina, ¡eres una zorra!— García estaba al borde de perder el control, su rostro estaba rojo brillante, y la gente a su alrededor no pudo evitar comentar.
Varias miradas curiosas se dirigieron hacia ella. García estaba tan enfadada que deseaba encontrar un agujero para esconderse.
—Señora Ramírez...
Jus